Este 18 de mayo se recuerdan 38 años de la histórica visita de Juan Pablo II a la ciudad de Encarnación, un acontecimiento que marcó profundamente la vida religiosa y social del Paraguay. Fue en 1988 cuando el Santo Padre arribó a la capital itapuense, donde fue recibido por miles de fieles provenientes de distintos puntos del departamento y del país.
La multitud se congregó en el emblemático Campo de la Esperanza, ubicado a orillas del río Paraná, detrás de la ex Dibén. Allí, el Sumo Pontífice celebró además sus 68 años de vida en medio de una jornada cargada de emoción, fe y esperanza.
La visita papal fue considerada histórica no solo por tratarse de la primera vez que un Papa llegaba al Paraguay, sino también porque uno de los principales motivos de su presencia en el país fue la canonización de San Roque González de Santa Cruz y sus compañeros mártires Juan del Castillo y Alfonso Rodríguez Olmedo.
Durante su homilía, Juan Pablo II llamó a construir una sociedad basada en el amor, la solidaridad y la reconciliación cristiana, en un contexto donde Paraguay se encaminaba hacia el fin de la dictadura militar y el inicio de la transición democrática.
Historiadores recuerdan que miles de personas pasaron la noche a la intemperie en el Parque de la Esperanza soportando el intenso frío, mientras servidores y voluntarios encendían fogatas para mantenerse abrigados a la espera de la llegada del Santo Padre.
En su despedida, dejó un mensaje que sigue vivo en la memoria colectiva del pueblo paraguayo: “¡Queridos hijos del Paraguay! El Papa se marcha, pero os lleva en su corazón. ¡Hasta siempre! ¡Alabado sea Jesucristo!”.