Cada inicio de mes representa una oportunidad para renovar compromisos, pero en la cultura popular paraguaya, el 1 de octubre marca una jornada clave de resistencia cultural y gastronomía ancestral.
- 01/10/2026
- Por Edicion Prensa
Este jueves, hogares, comedores populares y puestos de mercado en todo el país volvieron a preparar el tradicional jopara con el objetivo firme de espantar al mitológico Karai Octubre y garantizar la abundancia en las mesas durante el resto del año.
La costumbre, profundamente arraigada en el folclore nacional, tiene sus raíces en la cultura guaraní y la posterior influencia jesuítica. Históricamente, octubre marcaba la época más crítica para el sector agrícola, período en el cual escaseaban los víveres antes de las cosechas de primavera. Para enfrentar ese tiempo de carestía, las familias recurrían a la mezcla de los granos guardados en sus reservas, dando origen a la palabra en guaraní jopara, que significa "mezcla" o "combinación".
De acuerdo con la leyenda, el Karai Octubre —representado popularmente como un anciano de aspecto desarrapado, sombrero de paja y arreador— recorre las casas este día para inspeccionar si las familias trabajaron y supieron guardar provisiones. Si encuentra una mesa austera o vacía, castiga al hogar con la miseria y la falta de alimentos hasta el año siguiente; en cambio, si halla una olla abundante de jopara, premia a la casa con prosperidad y alimentos durante todo el período.
La receta clásica de este suculento plato consiste en una cocción lenta a base de locro y poroto. A esta base se le incorporan abundantes verduras de estación y el infaltable queso Paraguay. Según las preferencias de cada región y cocina, la preparación adopta distintas variantes: desde el jopara kesu (sin carne, enriquecido con productos lácteos y vegetales) hasta versiones más cargadas que integran cortes de carne vacuna o cecina.
En la capital y los principales centros urbanos, referentes gastronómicos y comedores comunitarios como los del emblemático Mercado 4 organizaron ollas populares masivas para servir raciones del tradicional caldo a trabajadores, transeúntes y visitantes. Más allá del mito y de las manifestaciones supersticiosas, la festividad mantiene vivo un mensaje de solidaridad, cohesión comunitaria y valoración de los recursos del campo paraguayo.