Desde las primeras horas del día, una familia ofrece alimentos como medio de subsistencia.


Cuando la ciudad de Encarnación aún bosteza y las calles siguen en silencio, una familia del barrio San Isidro ya está en pie, unida por el trabajo, la fe y el sueño de salir adelante. Cada madrugada, con esfuerzo y compromiso, llegan hasta su puesto de comidas ubicado en el barrio Fátima, a metros del acceso al Circuito Comercial, donde el aroma del reviro, el mbejú y el cocido caliente anuncian que el día comienza con sabor a Paraguay.

No es solo un negocio: es una historia de lucha compartida. Cada integrante cumple un rol fundamental en este emprendimiento familiar que desde hace cuatro años apuesta por nuestras comidas típicas.

Mientras uno prepara el reviro, otro da forma a las empanadas caseras, otro cocina el mbejú y alguien más sirve el cocido y el tradicional cuerito. Juntos, como un verdadero equipo, transforman recetas heredadas en una fuente de sustento y dignidad.

Durante mucho tiempo trabajaron en un puesto al aire libre frente al Correo Paraguayo, enfrentando frío, calor y dificultades. Pero la constancia dio frutos. Gracias al crecimiento del emprendimiento, desde el lunes pasado lograron dar un paso enorme: alquilar su propio local, un símbolo de progreso construido con sacrificio y perseverancia.

Con una sonrisa que refleja gratitud y esperanza, doña Ramona Piris, una de las impulsoras del proyecto, contó a nuestro medio que todos en la familia estaban sin trabajo y que esa realidad los empujó a emprender por cuenta propia. Hoy, esa decisión los mantiene unidos y de pie. “Esto es lo que nos permitió seguir adelante”, expresó, invitando a toda la comunidad a acercarse y degustar sus productos, hechos con amor, tradición y esfuerzo.

Porque en Encarnación, hay familias que no esperan oportunidades: las crean, día tras día, antes de que salga el sol.