En el corazón de la Perla del Paraguay, la Plaza de Armas resguarda uno de sus tesoros más inestimables: el centenario Curupay, un ejemplar de la especie Anadenanthera colubrina que en este 2026 alcanza los 215 años de vida.


Este gigante verde, reconocido oficialmente como "Patrimonio Vivo", no es solo un elemento destacado del paisaje urbano de Encarnación, sino un monumento natural que ha custodiado la historia de la nación desde antes de su nacimiento oficial. 

La relevancia de este ejemplar trasciende lo botánico, pues la tradición histórica lo sitúa como un protagonista pasivo de la gesta de la Independencia Paraguaya en 1811.

Según los relatos que han pasado de generación en generación, bajo su imponente sombra se habrían concentrado las tropas del prócer Fulgencio Yegros. Fue en este mismo sitio donde el contingente militar recibió las noticias decisivas sobre el levantamiento en Asunción, marcando un punto de inflexión para el destino de la Provincia del Paraguay.

Actualmente, el Curupay se mantiene como un símbolo de resistencia y memoria para los encarnacenos. Su presencia invita a la reflexión sobre la importancia de preservar el patrimonio natural, ya que este árbol ha sobrevivido al desarrollo urbano y a los cambios sociales de los últimos dos siglos.

Como custodio de la identidad local, el Curupay de la Plaza de Armas sigue de pie, recordando a cada transeúnte que las raíces de la libertad paraguaya también tienen una forma física y orgánica en la tierra itapuense.