Un hombre de 70 años ha alzado la voz para denunciar una situación de acoso y violencia persistente por parte de su expareja, una mujer de 40 años, en un caso que pone de relieve la vulnerabilidad de los adultos mayores frente a la burocracia estatal.


Según el relato del afectado, la convivencia terminó hace tiempo, pero la tranquilidad no ha regresado a su vida debido a que la mujer, quien actualmente mantiene una relación con un vecino que reside justo frente a su domicilio, lo hostiga de manera constante.

El denunciante manifiesta que la cercanía física de la agresora ha facilitado un clima de violencia psicológica y física que se ha vuelto insoportable con el paso de los meses. A pesar de haber recurrido a múltiples instancias policiales y judiciales para solicitar una medida de protección urgente, el hombre asegura sentirse completamente ignorado por la justicia, la cual no ha emitido hasta el momento la orden de alejamiento que solicita con desesperación para salvaguardar su integridad.

La víctima enfatiza que el agotamiento de los canales legales no ha dado frutos, dejándolo en una situación de indefensión total frente a su agresora, por lo que hace un llamado público a las autoridades competentes para que su caso sea revisado con la celeridad y la perspectiva de derechos humanos que requiere su condición de persona mayor.