El calor del tatakua no solo cocina chipa… también despierta recuerdos, abraza ausencias y une corazones.
- 01/04/2026
- Por Edicion Prensa
En el barrio San Juan de Cambyretã, una familia convierte cada Miércoles Santo en un acto de amor profundo, preparando más de 20 kilos de chipa con una receta que no se escribe, se siente.
En la casa de doña Marina Britez, no hay lugar para la prisa. Allí, cada mano cuenta, cada risa suma y cada mirada guarda historia.
Hijos, nietos y seres queridos se reúnen alrededor de la masa, no solo para cocinar, sino para reencontrarse, para sostener una tradición que late con fuerza en cada generación.
La receta es la misma. El fuego también. Pero lo que realmente permanece intacto es el espíritu de quien ya no está: su madre.
Aquella mujer que hizo de la chipa mucho más que un alimento, convirtiéndola en un símbolo de unión, de familia, de raíces. Hoy, aunque su presencia física falte, vive en cada amasado, en cada chipa dorada, en cada abrazo compartido alrededor del tatakua.
Esta familia no solo prepara chipa. Construye memoria. Defiende la tradición. Enseña, sin palabras, que hay costumbres que no deben perderse jamás.
Porque mientras haya manos dispuestas a amasar y corazones decididos a recordar, la esencia de la Semana Santa seguirá viva… encendida en el fuego y guardada para siempre en el alma familiar.