Más de 1,4 millones de usuarios quedaron sin suministro en plena ola de calor, mientras fallas en el sistema dejaron al descubierto la fragilidad de la red eléctrica.
- 19/02/2026
- Por Edicion Prensa
Más de 1,4 millones de usuarios quedaron sin suministro en la jornada más calurosa del año, mientras la ANDE y el Gobierno intentaban explicar una falla que paralizó al país. El corte general expuso la debilidad estructural de la red de distribución y puso en jaque el relato oficial de estabilidad, inversión y fortaleza energética.
El país volvió a quedar a oscuras. En cuestión de minutos, cerca de las 15:20 del miércoles, un corte general dejó sin energía a unos 1.420.000 usuarios de la Administración Nacional de Electricidad (ANDE), lo que representa más del 80% de sus clientes. La interrupción afectó a Asunción, el área metropolitana y a numerosos departamentos del interior, en medio de temperaturas que superaban los 40 grados.
La ANDE atribuyó inicialmente el apagón a la salida de servicio de las líneas de transmisión de 220 kV y 500 kV provenientes de la Central Hidroeléctrica Itaipú. Posteriormente, en conferencia de prensa, habló de una "falla mecánica" y descartó que se haya tratado de una sobrecarga por el alto consumo. Sin embargo, la falta de precisión en los primeros minutos y las versiones cruzadas generaron más dudas que certezas.
Paraguay depende casi exclusivamente de sus centrales binacionales. Según datos oficiales de cierre de 2025, el 87,6% de la energía consumida provino de Itaipú, el 10,5% de Yacyretá y apenas el 1,9% de Acaray. Esa concentración convierte a cualquier incidente en las líneas de transmisión en un problema sistémico.
La Itaipú Binacional es una de las mayores generadoras de energía del planeta. No obstante, la magnitud de su capacidad instalada contrasta con la vulnerabilidad de la red que debe transportar y distribuir esa energía dentro del territorio nacional. Tener potencia de generación no equivale a contar con un sistema robusto de transmisión y distribución.
El consumo eléctrico, además, viene creciendo con fuerza. En 2025, la demanda aumentó más de 12% respecto al año anterior, superando los 29.000 GWh. Enero de 2026 ya había arrancado con un incremento de más del 13% en comparación con el mismo mes del año pasado. El sistema opera cada vez más exigido, mientras la ciudadanía enfrenta cortes reiterados en los días de mayor calor.
El apagón no solo dejó hogares sin aire acondicionado o ventiladores. En varios puntos del país se reportaron problemas en el suministro de agua potable, caída de señal de telefonía móvil e internet, y colapso de semáforos en cruces estratégicos. Clínicas y hospitales debieron recurrir a generadores, y en algunos casos se denunciaron procedimientos realizados bajo condiciones precarias.
La interrupción generalizada puso en evidencia la fragilidad de servicios esenciales que dependen directamente de la energía eléctrica. En cuestión de minutos, el país quedó desconectado: sin comunicación fluida, con el tránsito desordenado y con actividades comerciales e industriales paralizadas.
La ANDE ha recibido en los últimos años importantes inyecciones de recursos, tanto por préstamos multilaterales como por ingresos provenientes de las binacionales. Sin embargo, el resultado tangible para la ciudadanía sigue siendo un sistema vulnerable ante picos de demanda o fallas puntuales.
Las inversiones en subestaciones, modernización de redes y ampliación de capacidad no logran traducirse en estabilidad sostenida. Cada verano repite el mismo patrón: altas temperaturas, aumento del consumo y cortes que afectan a miles de usuarios. La explicación técnica puede variar —falla mecánica, problema en líneas de transmisión, trabajos de mantenimiento— pero el efecto es el mismo: un país que colapsa.
El apagón impacta directamente en el relato del Gobierno encabezado por Santiago Peña, que ha promovido a Paraguay como potencia energética regional y destino atractivo para inversiones industriales. La obtención del grado de inversión por parte de calificadoras internacionales fue presentada como un hito que consolidaba la imagen de estabilidad macroeconómica y previsibilidad.
Sin embargo, el contraste es evidente: mientras se ofrecen condiciones competitivas para grandes industrias electrointensivas y se negocian proyectos de infraestructura de alto impacto, la red interna muestra limitaciones severas para garantizar un servicio continuo a la población.
La promesa de energía abundante y barata pierde fuerza cuando la realidad muestra que, ante una contingencia, más del 80% de los usuarios puede quedar sin suministro simultáneamente. El desafío no es solo generar energía, sino transportarla y distribuirla con eficiencia y resiliencia.
El apagón nacional no puede reducirse a un episodio aislado. Es la manifestación de un problema estructural que combina dependencia extrema de una sola fuente, crecimiento acelerado de la demanda, infraestructura que requiere modernización y una gestión que aún no logra anticiparse a escenarios críticos.
La ciudadanía soportó horas de incertidumbre bajo un calor extremo, con pérdidas económicas, riesgos sanitarios y caos urbano. La pregunta que queda abierta es si este episodio marcará un punto de inflexión en la política energética o si volverá a quedar archivado como un incidente más en la larga lista de fallas que, año tras año, dejan al país en la oscuridad.
FUENTE: EL NACIONAL