En la ciudad de Luque, la filigrana no es solo un oficio, sino una tradición que se transmite de generación en generación, con raíces familiares profundas y más de medio siglo de historia viva en manos de quienes se dedican a ella. Hoy, sin embargo, este arte enfrenta uno de sus mayores desafíos: Solo 17 artesanos filigraneros continúan trabajando de manera profesional, un número alarmantemente bajo que pone en riesgo la continuidad de esta expresión cultural única.
Los números reflejan la urgencia de preservar este arte. “Hicimos un relevamiento de datos hace dos meses y se encontró que en Luque solamente hay 17 artesanos filigraneros que trabajan. Si a estos 17 nos agarra una epidemia y morimos todos, ¿qué va a pasar? “ se interpela Víctor Luis Aguilera, maestro artesano de la filigrana fundador de la Escuela Itayu, un lugar que resiste en el corazón del mercado Municipal de Luque.
Aguilera reflexiona sobre el rol de ese taller que se aferra a la filigrana con una sabia paciencia, hilo a hilo. “Gracias a Dios, en esta escuela han pasado más de 100 personas, nacionales y extranjeras, que vinieron a aprender. Tenemos franceses, españoles, argentinos y dominicanos. Ellos pueden ser instructores mañana y continuar con nuestra cultura luqueña”, refiere como bastión de la esperanza.
El desafío es tanto económico como generacional. “Los hijos ya no quieren trabajar en la filigrana porque es muy elevado en costos, lleva semanas de realización y no reditúa. La gente quiere que vendas barato, quiere rapidez. No se valora lo artesanal. Queremos demostrar que se debe valorar y amar este arte para que puedan lucir nuestra cultura”, remarca Aguilera.
Víctor Luis Aguilera, filigranero de 65 años y fundador de la Escuela Itaju, abraza este oficio desde su niñez y recuerda que este es un arte que se pasa de generación a generación.
“Soy filigranero hace más de 50 años. A partir de los 8 años empecé a trabajar en la filigranería”, subraya.
La pasión por la filigrana, explica Aguilera, proviene de un entramado familiar y regional. “Mis padres eran oriundos de Areguá. Ellos cuando se casaron se mudaron a Luque y mi papá iba a ser sastre. Pero empezó a trabajar con una persona que se llama Cecilio Del Valle, quien aglomeraba a todos los que trabajaban en filigrana acá en Luque. Entre ellos aprendió mi papá, aprendió muy rápido. Y cuando aprendió ya enseguida se fue enseñarle a los primos de mi mamá”.
Un legado familiar. El trabajo familiar ha sido una constante. “Antes trabajábamos en familia. Hasta ahora se sigue trabajando en familia. Porque es una cuestión de hacer hilos, de preparar. Tiene muchos procesos la filigrana”, relata Aguilera.
El maestro destaca que la filigrana requiere unión y paciencia, además es un arte colectivo donde cada pieza trabaja también como cada hilo que se une y cuenta en diseño, una nueva historia que se plasma en las joyas.
“Yo te comento que en mi casa venían veinte personas por día. Mi mamá le tenía que dar de comer a todos sus parientes. Ellos venían a preparar los hilos para la filigrana y se iban otra vez a su casa a terminar los trabajos”, recuerda Aguilera de esos tiempos.
Esos también eran mejores tiempos para la comercialización. “Mi papá llevaba a Buenos Aires cinco kilos de trabajo de filigrana mensual, en los años setenta hasta los ochenta”, recalca.
Hoy, la situación es diferente y más desafiante. “Esto es un trabajo de hormiga que se hizo. Primero quiero decir que fui el primer profesor de la otra escuela de joyería, filial de IPA, que se formó en 1997. Treinta años que esa escuela está funcionando. Y me separé porque la gente no quería aprender tanto filigrana, sino otro estilo de joyas. Entonces abrimos la Escuela Itaju hace diez años”, comenta.
Aguilera también comenta que el arte es antiguo, pero que no es rígido, apuesta siempre a motivar a sus alumnos.
“Acá todos son potenciales diseñadores de joyas, yo les muestro la técnica y les invito a crear, salirse de lo que se ofrece habitualmente. En uno de los ejercicios les hago ver lo que se ofrece y les propongo a ver qué más se puede hacer”, enfatiza el maestro. Más que un oficio, la filigrana es un legado que requiere esfuerzo, dedicación y compromiso. Hoy, los pocos artesanos que la mantienen viva en Luque luchan para que esta expresión cultural no se pierda, formando nuevas generaciones y mostrando al mundo que la paciencia y el detalle siguen siendo el corazón de este arte único.
Ruta de la filigrana. Con la filigrana, asegura Aguilera están encarando un camino hacia el reconocimiento y la valorización mediante la Ruta de la Filigrana.
“Nadie ama lo que no conoce… Así que queremos que la gente venga y conozca para que ame lo nuestro. Que compren lo auténtico nuestro, no lo foráneo, que muchas veces compran porque se pone de moda”, asegura Aguilera.
Maestros artesanos, más la Municipalidad de Luque y la Senatur están impulsando la Ruta de la Filigrana, la primera edición se vivió ayer, con la salida de visitantes en colectivos desde la Costanera de Asunción hasta Luque.
La actividad busca prolongarse y por ahora preparan otra edición de la actividad, en la que se unirán más artistas de la comunidad luqueña, también harán extensivo el evento a la gastronomía con la famosa chipa kure, según compartió Claudina Leguizamón, directora de Turismo de la Municipalidad de Luque, quien refirió que al recorrido también se sumará espacios como el santuario de la Virgen del Rosario, la Patronal Histórica, el Mausoleo.
Para el día de los enamorados. El próximo 14 de febrero, Luque tendrá un encuentro especial en la Ruta de la Filigrana, los visitantes podrán observar en vivo la elaboración de las piezas y apreciar la paciencia y el detalle que requieren.
“Cuando las personas ven cómo se realiza, dicen: ‘ah, esto tiene mucho trabajo’. Entonces colaboran comprando las joyas y artesanías. Se hace de todo: Ñandutí, alba, guitarra. Pero si no conoces cómo se fabrica, vas a amar”, asegura Aguilera.
El Circuito de la Filigrana, organizado por el Instituto Paraguayo de Artesanía, Senatur y la Municipalidad de Luque invita a vivir una experiencia turística única en la ciudad Azul y Oro, donde la historia, tradición y talento artesanal se entrelazan en cada detalle.
Esta iniciativa busca acercar al público al fascinante mundo de la filigrana, una técnica ancestral que transforma finos hilos de plata y oro en verdaderas joyas de identidad paraguaya. Durante el tour, los visitantes podrán recorrer talleres, conocer a los artesanos y apreciar de cerca el meticuloso trabajo que da vida a cada pieza, descubriendo historias y secretos que convierten a la filigrana en un símbolo de orgullo nacional. El guía de turismo José Acosta (@joseacostaaguilar) conducirá el recorrido, que incluye visitas a la Escuela de Joyería Itaju, la Asociación de Joyeros Luqueños y el Museo de la Conmebol. La inscripción es individual y gratuita, aunque se recomienda llevar efectivo para apoyar a los artesanos. La salida será desde la Costanera de Asunción a las 09:00.
El circuito involucra alrededor de siete artesanos que rotan para mostrar su trabajo, acompañado de música, danza y la Chipa kure, de Natalia Hermosilla.