El brillo, el ritmo y la pasión del Carnaval de Encarnación no solo se sostienen con música y sonrisas: también se cargan sobre espaldas que desafían los límites del cuerpo humano.


Este año, los carnavales encarnacenos sorprendieron con el regreso de los imponentes espaldares gigantes de plumas, algunos de ellos con un peso que roza lo increíble: hasta 75 kilos.

Durante cerca de una hora, los bailarines recorren la pasarela sambando sin detenerse, envueltos en estructuras colosales de plumas, metal y fantasía. Una escena tan deslumbrante como exigente, donde cada paso es una prueba de resistencia, equilibrio y voluntad.

Entre las figuras que más miradas atrajeron estuvo Néstor Aguiar, del Club 22 de Septiembre, quien batió récords al portar el traje más pesado del carnaval, una verdadera obra de arte que supera todo lo visto desde 1990. Aunque el espaldar parece una carga imposible, el bailarín asegura que la adrenalina del público y la música hacen que el cuerpo resista lo impensado, aunque después la fatiga muscular pasa factura.

Desde el Club Nacional, la sambista Pame Vázquez también enfrentó el desafío con un traje de casi 30 kilos. Si bien reconoce que limita algunos movimientos y saltos, no deja que eso opaque su pasión por el carnaval: la danza, afirma, puede más que el cansancio.

Los trajes, elaborados con plumas naturales y sintéticas, requieren meses de preparación y un intenso entrenamiento previo para quienes los visten. Cada club apuesta por la espectacularidad, elevando el nivel de una competencia donde el público es el gran ganador.

En el carnaval no solo se baila: se sostiene con el cuerpo, el corazón y una entrega total, convirtiendo cada noche de corsos en un verdadero espectáculo de sacrificio, belleza y orgullo cultural.