La víctima habría concretado la compra tras encontrar el automóvil publicado en Facebook Marketplace. La operación terminó en una denuncia por presunta estafa.


El joven había ahorrado durante años para comprar su primer vehículo, pero luego de transferir G. 35 millones, no recibió el automóvil ni logró recuperar su dinero. La defensa sostiene que se trató de una maniobra fraudulenta cuidadosamente orquestada.

Enzo Machuca, un joven que durante años ahorró con la ilusión de adquirir su primer vehículo, hoy enfrenta una situación inesperada: entregó G. 35 millones por un automóvil modelo 2019 y terminó sin el vehículo y sin el dinero. El caso fue denunciado ante las autoridades y actualmente es objeto de investigación.

El abogado Rolando Aquino, representante legal del joven, explicó que la operación se inició a través de Facebook Marketplace, donde la víctima encontró la publicación de un vehículo cuyo valor rondaba los G. 50 millones. Tras contactar al vendedor, llegó a inspeccionar personalmente el automóvil e incluso conoció a la propietaria y a su esposo.

En aquella primera conversación no lograron cerrar el negocio. Sin embargo, posteriormente el padre del joven encontró una publicación idéntica del mismo vehículo, pero desde otra cuenta de Facebook. Tras establecer contacto con este nuevo perfil, consiguió negociar un precio menor y acordó concretar la compra.

La operación estaba prevista inicialmente para un sábado, pero fue postergada para el lunes, debido a que, según se habría manifestado, la propietaria debía viajar a Asunción.

Finalmente, el lunes, las partes se encontraron en una escribanía para formalizar la compraventa. Allí estaban la propietaria del vehículo, su esposo, un intermediario dedicado a la venta de automóviles y el padre del comprador, quien debía firmar el contrato. Mientras tanto, el joven aguardaba afuera, a la espera de la autorización para realizar las transferencias.

Según explicó Aquino, el contrato establecía que el pago debía realizarse mediante una transferencia bancaria al intermediario. Sin embargo, durante la reunión apareció una persona que mantenía comunicación telefónica con los presentes y que supuestamente se presentó como hermano de la propietaria.

De acuerdo con la denuncia, esta persona habría indicado que el dinero debía ser enviado a dos cuentas bancarias pertenecientes a otras mujeres. El abogado sostiene que el propio intermediario habría autorizado esta modalidad de pago delante de todos los presentes.

Con esa autorización, el joven realizó las transferencias por un total de G. 35 millones. Posteriormente, las partes firmaron el contrato privado de compraventa y certificaron sus firmas ante escribanía.

Pero después de concretarse el pago llegó el problema: el intermediario aseguró que el dinero nunca había ingresado a su cuenta y el vehículo tampoco fue entregado al comprador.

Incluso, según relató el abogado, el intermediario acompañó al joven hasta una entidad bancaria para verificar la supuesta falta de acreditación del dinero. Para la defensa, esta actuación habría formado parte de una maniobra destinada a generar confianza en la víctima.

“Nosotros sostenemos que todo eso fue un show para convencer a mi cliente de realizar la transferencia”, afirmó Aquino, quien considera que la operación habría sido planificada para concretarse tanto de manera presencial como virtual.

El abogado calificó el caso como un “fraude híbrido”, debido a que la negociación comenzó en redes sociales y posteriormente se trasladó al ámbito presencial, incluso con la participación de una escribanía y la firma de un contrato.

La defensa sostiene además que el joven actuó de buena fe y que tenía motivos suficientes para confiar en la operación: el vehículo existía, pudo ser inspeccionado, la propietaria estuvo presente y el contrato fue firmado y certificado ante escribanía.

Ahora será el Ministerio Público el encargado de determinar qué ocurrió realmente y establecer la eventual responsabilidad de las personas involucradas. La investigación deberá determinar si los hechos podrían constituir un supuesto caso de estafa, apropiación u otro hecho punible.

Mientras tanto, la defensa anunció que buscará hacer valer el contrato de compraventa y, principalmente, lograr que la víctima pueda recuperar los G. 35 millones que entregó tras años de ahorro para cumplir el sueño de tener su primer automóvil.

EL CASO QUEDÓ EN MANOS DE LA JUSTICIA, QUE DEBERÁ DETERMINAR SI DETRÁS DE LA OPERACIÓN EXISTIÓ UNA MANIOBRA FRAUDULENTA PLANIFICADA A TRAVÉS DE FACEBOOK Y EJECUTADA MEDIANTE TRANSFERENCIAS BANCARIAS.