La falta de frecuencia y las largas horas de espera para abordar el transporte público generan preocupación entre los ciudadanos, quienes aseguran que las dificultades para trasladarse afectan sus actividades cotidianas.


Durante un recorrido por las paradas, hablamos con usuarios del servicio, entre ellos estudiantes y adultos mayores, quienes manifestaron su malestar por tener que esperar una o incluso dos horas para llegar a sus respectivos destinos.

Los pasajeros señalaron que esta situación se vuelve aún más complicada durante los fines de semana, cuando, según sus testimonios, la circulación de colectivos disminuye considerablemente y, en algunos casos, resulta difícil encontrar una unidad disponible.

La problemática también repercute en el ámbito laboral. Algunos usuarios aseguran que llegan tarde a sus puestos de trabajo debido a las demoras, mientras que otros advierten que las reiteradas llegadas tardías pueden poner en riesgo su estabilidad laboral e incluso ocasionar la pérdida del empleo.

Los estudiantes también se ven afectados, ya que dependen del servicio para llegar a tiempo a sus instituciones educativas, mientras que los adultos mayores deben afrontar largas esperas para trasladarse, realizar trámites o acudir a consultas médicas.

Para quienes dependen exclusivamente del transporte público, la falta de frecuencia no representa solamente una incomodidad, sino una dificultad que condiciona su tiempo, su economía y su calidad de vida.

Ante esta situación, los usuarios plantean la necesidad de mejorar la frecuencia de las unidades, especialmente durante los fines de semana, y contar con un servicio que responda a las necesidades de la población.

La voz de los pasajeros vuelve a poner sobre la mesa una problemática cotidiana: ¿cómo garantizar el acceso a un transporte público regular, accesible y eficiente para todos los ciudadanos?