Carlos Inzaurralde recordó con emoción la mañana de 1988 en la que tuvo la misión de asistir al sumo pontífice durante su visita al Campo de la Esperanza en Encarnación.


A 38 años de la histórica visita del Papa Juan Pablo II a Encarnación, los recuerdos de aquella multitudinaria jornada siguen vivos en la memoria de muchos itapuenses. Uno de ellos es Carlos Inzaurralde, mozo de profesión, quien tuvo el privilegio de atender personalmente al líder de la Iglesia Católica durante su permanencia en el recordado Campo de la Esperanza en 1988.

Carlos relató que en aquel entonces trabajaba junto a la entonces intendenta Teresa Matiauda, cuando recibió, semanas antes de la llegada del pontífice, la noticia de que sería designado como uno de los encargados de asistir al Papa durante su estadía en la capital departamental. Según comentó, en aquel momento no alcanzó a dimensionar la magnitud del acontecimiento ni la relevancia histórica que tendría con el paso del tiempo.

Recordó el día, emocionado, al rememorar aquella fría mañana que quedó grabada para siempre en su memoria. Señaló además que el estricto protocolo de seguridad dispuesto para la visita impidió que existieran fotografías o registros personales junto al pontífice.

Pese a ello, aseguró que conserva intacto el recuerdo de haber compartido de cerca uno de los momentos más importantes en la historia religiosa del Paraguay. Para Carlos, aquella experiencia representa un orgullo inmenso y un recuerdo imborrable que sigue emocionándolo casi cuatro décadas después de la visita papal a Encarnación.