Después de quince años de encierro en cárceles de máxima seguridad, el homicida múltiple Luis Raúl Menocchio volvió a hablar públicamente y sostuvo su inocencia en los crímenes por los que cumple dos condenas a prisión perpetua. En una extensa entrevista realizada por el periodista Diego Fernández Romeral, de Revista Anfibia, el misionero conocido como “El Gusano” reconstruyó su vida, habló de sus negocios en Paraguay, de su relación con Claudio “Tano” Nozzi y Manuel Roseo y cuestionó las investigaciones judiciales que terminaron con sus condenas.
Menocchio cumple una cadena perpetua por el asesinato de Claudio Nozzi y otra por los homicidios de Nélida Bartolomé y Manuel Roseo, propietario del establecimiento La Fidelidad. Desde la cárcel de Rawson, donde permanece alojado, negó haber cometido los asesinatos y aseguró que fue utilizado como responsable de hechos que, según su versión, fueron cometidos por otras personas.
“¿Cómo es que me convertí yo, que nunca tuve problemas con nadie, en un asesino serial? ¿De repente soy un loco que sale a matar gente por la calle?”, planteó durante la entrevista. También describió su situación actual dentro del penal. “Acá los compañeros andan todos medicados. Yo no tomo pastillas. No soy depresivo ni nada de eso. Duermo tranquilo”, afirmó.
Su infancia en Posadas
Sobre su infancia en Posadas, recordó haber crecido en una familia de buena posición económica. “Yo mi vida la pasé de primera y en camarote. Tuve la infancia que le desearías a cualquier chico. Me decían Niño Raúl porque era el mimado de todos”, relató. “Desde chiquito fui un playboy. Tenía novias como tenía autos… Si acá las celdas no fueran tan chicas me traía una mina adentro”, agregó entre risas.
En otro momento de la conversación resumió su percepción sobre su pasado y su presente: “Mi rey… siempre anduve en la cresta de la ola. Digamos que ahora estoy pasando una temporada atípica”. Menocchio también aseguró que su permanencia en prisión responde a una maniobra para silenciarlo. “A mí me metieron en este cofre para que me quede callado. Nadie sabe la verdad. Los periodistas dicen todas pavadas. Sos el primero con el que voy a hablar. Te voy a contar lo que pasó”, sostuvo.
Uno de los pasajes de la entrevista estuvo dedicado a la salida de su familia de Misiones y su posterior radicación en Paraguay. Menocchio rechazó la versión de que su padre hubiera abandonado la provincia a raíz de una estafa.
“Lo de la estafa es una mentira. El establecimiento estaba funcionando a full. ¿Por qué iba a sacrificar todo eso? Yo no sé qué carajo hizo mi viejo, nunca nos dijo. Nos fuimos de un día para el otro con lo puesto. Para mí fue un tema de tráfico de armas. ¿Sabés quiénes venían a comer a mi casa?”, afirmó.
También habló de los vínculos que, según su relato, su padre había mantenido con personas cercanas al régimen de Alfredo Stroessner. “Mi papá le había escondido a la hermana de Stroessner, Heriberta, cuando no sé qué problema tuvieron. Le hizo un favor como buen samaritano. Después, allá en Paraguay, lo íbamos a ver a Stroessner a la casa presidencial. Era un tipo bueno”, recordó.
La vida en Paraguay
Sobre sus primeros años en Paraguay, contó: “Me pusieron un Coronel que me cuidaba y me presentaba gente. Un ruso medio nazi que me llevaba al Club Caracol. También le cuidaba los hijos a Stroessner. Así que andaba tranquilo y arranqué a hacer negocios”. Menocchio describió además las fiestas que organizaba en ese país y los vínculos que, según aseguró, tenía con empresarios y dirigentes políticos.
“Eran las fiestas más famosas del país. Iban todos los políticos pesados. Por eso yo tenía carta libre y era el niño de oro. Traía modelos de todos los colores que llegaban en helicóptero, envueltas en mil rosas… Lo que la gente de mucho dinero no podía hacer en su vida, venía a mi casa y lo hacía. Y en el medio todos hacíamos negocios”, sostuvo.
Su crecimiento empresarial, sin embargo, terminó acompañado por causas judiciales y por su salida de Paraguay. Al referirse a esa etapa, explicó: “Ya no quería trabajar más. Estaba muy absorbido por la noche. Con amigos, chicas, fiesta. Pero el tema fue que perdí a mi padrino político. Ahí se fue todo al carajo”.
Sobre la venta de sus empresas de cable, afirmó: “Hice un arreglo con un grupo de senadores. Yo me iba de Paraguay y se desarmaban mis operaciones de cable. Para eso me hacían un juicio como pirata de señales. Vendieron las empresas al Grupo Clarín y yo estuve un año prófugo. Volví y me traicionaron. Nunca me dieron el dinero”.
La compra de La Fidelidad
Buena parte de la entrevista estuvo centrada en su relación con Manuel Roseo y la compra del establecimiento La Fidelidad. Menocchio sostuvo que conoció al empresario chaqueño en el marco de la negociación por las tierras y aseguró que la operación fue legítima.
“Yo llegué a la casa del viejo Roseo, que se le caía a pedazos, y le dije la verdad. Era un tipo austero y sufrido y yo tengo otra forma de vida, siempre viví como un pachá. Le expliqué que yo era un hombre rico, que tenía problemas en Paraguay y Corrientes, que me acusaron de asesinatos y que estuve preso, pero que era el candidato ideal para comprarle La Fidelidad”, relató.
Según su versión, Roseo tenía problemas judiciales sobre las tierras. “Este campo ya no es tuyo, le dije. Lo que me estás vendiendo es un problema. Yo soy un gran negociante, sino no hubiese hecho todo lo que hice. El viejo tenía boletos de compra venta por todos lados y le habían metido ese litigio judicial en Santa Fe. Hablamos a calzón quitado. Me pidió una cifra sideral y lo hice entrar en razón. Tenía mucho miedo de ese litigio y me dijo que estaba enfermo. Tenía raquitismo. Estaba hecho mierda. Ahí le ofrecí la plata”, afirmó.
También explicó qué proyecto tenía para esas tierras: “El viejo tenía además esas cinco hectáreas del aserradero. Ahí yo quería hacer un country para los más polenta de Castelli. ¿Entendés? Yo veo el negocio al toque. Y este era un gran negocio. La Fidelidad es una tierra que, mal vendida, puede valer quinientos millones de dólares. Yo la compré por cuarenta”.
Ante la pregunta sobre si Roseo había decidido vender para evitar perder su patrimonio, respondió: “Vos decís que estaba perdiendo. ¿No estaba ganando en realidad? El viejo ya sabía que iban a venir por sus tierras. Además… ¿Cómo iba a vender algo que ya estaba vendido? Había boletos por todos lados y yo le estaba ofreciendo comprar las tierras. Así fueron las cosas. Me dijo que quería volver a Italia. Estaba contento cuando me vendió”.
Menocchio también cuestionó el proceso posterior y sostuvo que continúa considerándose propietario de La Fidelidad. “Ahora ya se sabe que lo del Parque Nacional es una mentira. No hay Parque Nacional, no hay una expropiación consumada. Aparecieron los herederos, que son los hijos de la mucama, y chau. Pero antes de todo eso está la compra natural mía. A mí no me permitieron ir a la Suprema Corte ni nada. Me apretaron, me subieron a un avión y me mandaron a Rawson. Pero La Fidelidad la compré yo. Es mía”, afirmó.
Su salida de Paraguay y el caso Maciel
Menocchio también rechazó haber asesinado a Eduardo Maciel y Graciela Méndez, desaparecidos en Paraguay en 2004. Según su versión, conoció a Maciel la misma noche en que desapareció. “¡Yo salí caminando de Paraguay!”, exclamó durante la entrevista.
Al explicar por qué abandonó el país, afirmó: “El fiscal le dijo a mi abogado: ‘que se vaya Menocchio porque hay orden de matarlo’. Si me metían preso yo terminaba muerto. Al tipo ese Maciel lo conocí la misma noche que desapareció. No tengo idea quién era”. Según su relato, aquella noche había ingresado al bar Puerto Madero y jugado al pool con Maciel. “Perdí quinientos dólares y le dejé un reloj Rolex como garantía”, contó. Después, dijo, aceptó llevarlo junto con Graciela Méndez.
Menocchio también cuestionó el testimonio de Karina Selene Riveros, quien había declarado en su contra. “Esa chica era un gato mío, una noviecita. Estuvo pagada para declarar, por gente que me quería sacar cosas mías en Paraguay. ¿Entendés o no?”, aseguró.
En ese contexto, relató cómo habría escapado hacia la Argentina: “Yo estoy vivo gracias a mi abogado y al fiscal, que después me terminó persiguiendo. Pero me dio tiempo de salir de Paraguay antes de que me mataran. Me fui con una mochila al hombro que adentro tenía un millón de dólares. Llegué hasta la pasarela de Clorinda, en el río Pilcomayo, y crucé en una balsa que llevaba verduras. Contrabando hormiga, como le dicen. En Argentina me subí a un colectivo y me fui a la casa de mi amigo, el Tano Nozzi, para empezar una nueva vida”.
Cuando le preguntaron si era difícil viajar con un millón de dólares en una mochila, respondió entre risas: “Lo difícil es cuando alguien se entera. A mí no me robaron nunca en mi vida. No sé lo que es esa experiencia”.
La muerte de Claudio Nozzi
Tras llegar a la Argentina, Menocchio contó que se instaló en la casa de Claudio Nozzi, en un country de Don Torcuato. “Vivía en un country de Don Torcuato, en Buenos Aires. Y empezamos a pensar en negocios. Él quería armar una cadena de gimnasios y también estaba por filmar una nueva película. Necesitaba diez millones de dólares para todo eso. Le dije que yo se los podía dar. Después me conseguí una novia, una artista plástica del Tigre, y me fui a vivir con ella”, relató.
También explicó el cambio de apariencia que protagonizó durante aquella etapa y que dio origen a uno de sus apodos más conocidos. “¡Mi rey! Lo que yo me hice fue un lifting porque estaba medio viejón. Y de paso me saqué las ojeras. Me hice párpado arriba, párpado abajo… Y una estirada. Me pinté el pelo de blanco y metí máquina de sol, con un compresor para broncearme con pintura. ¡El asesino de las mil caras!”, dijo entre risas. “Lo único que hice fue convertirme en Hugo Jara”.
Ante la pregunta sobre la diferencia entre esa identidad y la suya, respondió: “¡Jara era Menocchio bronceado y estirado! Tenía carnet de Blockbuster, CUIT como Gestor Comercial, carnet del Club de Golf de Pacheco y del supermercado. ¡Completito! Pero era Luis Raúl Menocchio. No había diferencias”.
Sobre Nozzi, cuya muerte derivó en una de sus condenas, sostuvo: “Desapareció. Hasta el día de hoy yo no sé si está muerto. Se fue del Hotel Turismo a Paraguay y un amigo mío le entregó los diez millones de dólares que yo tenía allá escondidos. Se los llevó en dos bolsos. Y nunca más lo vi”.
Menocchio negó directamente haberlo asesinado. “A ver… Si yo lo hubiera querido matar, como dicen, ¿para qué lo iba a llevar a Corrientes? Lo mataba en Buenos Aires y listo. Yo no maté a Claudio, era mi amigo. ¿Por qué mataría a mi amigo?”, afirmó.
Las autoridades encontraron en marzo de 2005 el cuerpo de Nozzi flotando en el río Paraná, con cadenas y anclas en las manos y los pies y varios impactos de bala. La investigación estableció además que las cadenas y las anclas pertenecían a la embarcación de Menocchio y que una prueba de luminol indicó que los disparos se habían producido en el sillón del yate.
Frente a esos elementos, Menocchio insistió en su versión: “¡Era la sangre de los peces! Estuvo todo armado para implicarme. El cuerpo estaba en una zona donde cruzan droga, hay contrabando de lo que quieras, muertos a cada rato. Aparece un tipo sin cara, sin nada, flotando a no sé cuántos kilómetros. Y dicen que yo lo maté. Me persiguen desde que vendí mis empresas de cable”.
El asesinato de Roseo
Sobre el crimen de Manuel Roseo y Nélida Bartolomé, Menocchio apuntó contra otras personas y sostuvo que fue incriminado para impedir que pudiera concretar la compra de La Fidelidad. “Mi rey… Ese Berg fue el entregador. Lo entregó al viejo con la plata que yo le llevé. Y atrás de Berg había una banda. Por eso lo dejaron vivo. A ver… Si fui yo… Si yo voy a una casa y mato dos tipos, ¿el secretario cómo queda vivo? ¿Tiene coronita? Encima lo voy a meter en el baúl de su auto y lo voy a dejar mal atado para que se desate y salga corriendo. ¿Medio boludo soy? No tiene ningún gollete”, sostuvo. Y agregó: “¿Para qué lo voy a dejar vivo? Si soy un asesino como dicen… mato dos, mato tres, ¿me entendés? Es exactamente lo mismo”.
Cuando le preguntaron por qué alguien querría incriminarlo, respondió: “Para que yo no pueda terminar mi compra y quedarme con el campo. Berg era el único que sabía de esa plata. Arregló con una banda: ‘a mí dame unos golpes y no me mates’. Y conmigo los jueces encontraron al asesino perfecto, porque ya venía empapelado. Pero la única prueba en contra mía fue ese secretario, y estuvo arreglada. Cuando se enteraron que compré La Fidelidad, lo mataron al viejo”.
Luego señaló a Claudio Gómez: “Este tipo Gómez, que andaba con los autos usados allá en Santa Fe, que le tenía embargado el campo al viejo, ¿por qué no lo investigaron? La esposa era una escribana que declaró en el juicio. Se contradecían a cada rato. Habían conseguido firmas originales del viejo. Se las dio el secretario, ¿entendés? El abogado de Gómez venía en jet privado. Era una mafia que se quería quedar con el campo. Dos más dos son cuatro”.
Finalmente, vinculó esa hipótesis con la creación del Parque Nacional El Impenetrable y mencionó al exgobernador chaqueño Jorge Capitanich. “Pensá esto… después del asesinato, que se pudrió todo, ¿qué hicieron? Un Parque Nacional y se robaron ciento treinta mil hectáreas. ¿Quién lo hizo? El gobernador Capitanich, que tiene brazos por todos lados… Ese Claudio Gómez se escapó de la cárcel y le pegaron un tiro. Por orden de Capitanich. Le dijeron escapate y lo acribillaron. Algo estaba por decir. ¿De dónde venía Gómez? Ahí te tenés que fijar”.
Consultado sobre los antecedentes de Gómez, respondió que no conocía los detalles vinculados con su actividad en el ámbito portuario, pero insistió en su hipótesis.
“Yo de eso del puerto ya no sé nada… Pero atrás de Gómez están los que se cargaron al viejo. A mí me metieron en la volada porque tenía el caso de Paraguay y de Nozzi. Yo no cometí ningún delito de los que se me imputan. Soy inocente”, concluyó.
FUENTE: MISIONESONLINE